CAPITULO XXIV
"Y ESE CIRCUITO FUE EL MAS LARGO DE LAS 84 HORAS...¡EL MAS LARGO DEL MUNDO!, por Oscar Mauricio FRANCO, en el circuito de Nürburgring, a las 12.48 horas del sábado 22 de agosto de 1969.-
Había recibido la señal de "NAFTA". Todos los cálculos le otorgaban al auto, autonomía para finalizar la carrera. Sin embargo, la orden era "cubrirse". Nada debía quedar librado al azar, que el azar mismo. En el reaprovisionamiento, intercambié algunas impresiones con Carlos LOBBOSCO, las últimas antes de la finalización de la carrera. Cuando me reintegré al circuito, lo hice velozmente, dentro de la prudencia que las circunstancias aconsejaban. La intención era completar el circuito antes que el reloj marcara las 13.00 horas; de esta forma, cruzando la raya antes de esa hora, tendría oportunidad de completar un giro más, y así llevar al Torino al galardón de haber sido el automóvil que más vueltas reales cumpliera durante las 84 horas. Pasé el control justo, a las 12.58 horas. Faltaban dos minutos. Comenzó, entonces, la que fuera la última vuelta del Torino Nº 3 al circuito de Nürburgring. En cuanto ingresé al "circuito grande", cuyo primer tramo pasa por detrás de los boxes y no vi a nadie, no vi gente y supe entonces, que estaban todos aplaudiendo y festejando en la línea de llegada, fue que la pensadora se puso en funciones y el resto del circuito se transformó en el más largo de las 84 horas. En ese Torino y en mí, estaba depositada, en ese instante, toda una esperanza grande. Y yo, prácticamente, iba de regalo en ese auto. Ése no era mi puesto. Le correspondía, por derecho, a Juan Manuel BORDEU...Si yo...hace apenas 4 o 5 años...¡corría en Kart y en Ford T! Y en ese momento tanta gente, allí y en nuestro país, estaba pendiente de ese auto. Y de mí. De esa última vuelta. Me asaltaron mil pensamientos. Pensé en mi Azul, en mi gente. Y en las quemaduras de GIACONE. Y en las noches sin dormir de algunos y en el esfuerzo de todos. Vi a mi esposa y a mis padres, y la cara manchada de grasa de "Larry", y los enrojecidos ojos de COPELLO. Y entonces, sentí que me ahogaba, que las ganas de reir fuerte a carcajadas, hacían fuerza hacia afuera, en la garganta. Y con el dorso de la mano, entonces, enjugué la primera lágrima. Y era la última curva, a la derecha. La que da a la recta principal. Y entonces fue como si todos, todos los integrantes de la Misión Argentina me hablaran, allí en ese momento. Y escuché a mi propia voz...
-¿Porqué...?¿No tengo yo el derecho a llorar...? Y entonces lloré y reí. Me tragó un embudo de gente y vi cintas argentinas caer sobre el auto y a DONATI, repartir escarapelas, y brazos en alto y saltos de júbilo. Y me pareció imposible que ese banderazo, me hubiera caído a mí...¡Nunca lo hubiera podido imaginar...! Y vi a FANGIO ser llevado en andas, y luego a BERTA, y debí proseguir la marcha. El parque cerrado era inflexible, y allí, en el recinto donde el idioma me incomunicaba, tuve que soportar toda esa alegría solo. El vencedor me estrechó la mano y el dolor pareció correr su propia carrera. Las quemaduras que me produjera el escape me hicieron volver a pensar. Di toda una vuelta alrededor del auto. El auto. Era como un amigo. Un compañero más. Alguien con quién compartí muchas horas, que hacía su trabajo y lo hacía bien, con ganas, como si él, también estuviera orgulloso de ser embajada. Y entonces me día cuenta que no era la primera vez que le hablaba. Sí, le había hablado al Torino Nº 3, como si fuera una persona y me entendiera. No una, sino muchas veces. Le había pedido, conversado, rogado y exigido. Fue así que lo palmoteé en un guardabarro, como para llamarle la atención, mientras le dije, a media voz...
-¿Viste...? ¿Viste lo que hicimos? Después recibí el abrazo grande de Juan Manuel FANGIO. Y cuando volví a quedar solo, busqué en mí la forma de llenar la necesidad de dar las gracias. Decir públicamente a todos, que no siento vergüenza de haber lagrimeado como un chico.
