CAPITULO XX
"LO DEL ESCAPE FUE ASÍ...", por Gelmino GIACONE. Nürburgring, viernes 22 de agosto, 17 horas.
Mirá "Gringo"...hay un problema de escape. Va a ser necesario cambiarlo.
Con estas palabras me abarajó Oreste BERTA cuando llegué a cumplir mi turno a los boxes. Venía yo de descansar 8 horas, porque hacíamos 8 de trabajo y 8 de descanso y, claro...no tenía mucha idea sobre lo que había pasado. La sorpresa me despertó más rápido que la lluvia, que era muy tupida. Sobre el pucho le pregunté a COMARI qué había sucedido.
-Resulta que hará como una hora paró COPELLO. Traía puestos los guantes de amianto, todos sucios. Venía con atraso y nos tenía preocupados. Nos dijo que se le había caído el caño de escape, y que tuvo que parar para colocarlo y tirarse abajo del auto. BERTA, le ordenó que siguiera girando, mientras que con ZURITA, preparábamos una chapa como de unos 30 cm. de largo, que enrollada tuviera el perímetro del caño de escape. Pensamos que con esa chapa, bien atada con alambre, podríamos sujetarlo en su lugar. Pero el caño estaba bastante deformado por los golpes y no enfrentaba bien. Siguió haciendo bastante ruido, aunque creo que el problema que hacen "los de la deportiva" no es tanto por el ruido. Dicen que tienen miedo que se caiga
-Che..."Gringo"...¿que pensás vos?, me dijo BERTA. Antes que pudiera decir nada, BERTA había esbozado su solución. Solo pude agregar detalles. Lo previsto, era lo mejor que se podía hacer: acortar el escape, y utilizar sólo el primer tramo, anulando el segundo, de forma tal que el silenciador quedara colocado al finalizar el primer tramo. Sucede que con las vueltas que pegan los caños por arriba del tren trasero, y sin fosa...¡ni Mandrake hubiera puesto el escape completo en el tiempo que disponíamos! Preparamos todo. El turno lo compartíamos Pablo MACAGNO, ANDREU, CORDERO, SÁENZ y yo. Fuimos al Torino blanco, que había servido de "muletto" para ver como presentaban los caños. Mientras tanto seguía lloviendo, como si en el cielo todo un barrio jugara al carnaval...Ya en boxes coordiné con Pepe DIEZ, la forma en que lo haríamos. BERTA nos escuchó y nos hizo algunas sugerencias pero, creo yo, lo hizo mas para que nos contagiáramos de su tranquilidad que por otra cosa. ¡A é no se le movía un pelo...! A nosotros, a mí al menos...¡no me hubiera bajado ni un trago de agua! Dispusimos las herramientas. Pude ver cómo, arriba de nuestro box, en una terraza que domina la pista, la gente se juntaba. Había mucha expectativa sobre lo que íbamos a hacer y cómo lo haríamos. Oreste BERTA, dio la orden. El pizarrón asomó su mensaje más allá del muro de contención y Eduardo COPELLO hizo señas de haberlo comprendido. Nos quedaban apenas quince minutos, antes que el auto Nº 3 se detuviera en boxes, en la zona penalizada. Entonces comenzaría a perder una vuelta por cada minuto que Pepe DIEZ y yo tardáramos en cambiar el escape. Por décima vez, repasé las herramientas necesarias. 
Luego, mentalmente, hice lo mismo con el trabajo. Pepe tal cosa, y tal otra. El gato yo, el capot él, los tubos, las llaves, las juntas. Vos tené yo aflojo. ¡Que ningún otro toque nada o nos penalizan!

Luego, mentalmente, hice lo mismo con el trabajo. Pepe tal cosa, y tal otra. El gato yo, el capot él, los tubos, las llaves, las juntas. Vos tené yo aflojo. ¡Que ningún otro toque nada o nos penalizan!
-¡Que ningún otro toque nada o nos penalizan-repetí en voz alta.-RODRIGUEZ CANEDO y GARCÍA VEIGA estaban mudos. Don Pablo MACAGNO inmóvil. El grito lo pegó CORDERO...
-Ahí viene...¡ya entra!
Recuerdo que metí el gato y levanté el auto lo más alto que pude. Me tiré abajo. Tuve que hacerme a un lado, porque el agua que DIEZ tiraba para enfriar el escape caía hirviendo...pero...¡que se yo! eso casi no se siente por los nervios y, en ese momento, lo único que uno piensa es largar rápido el auto. Pepe me tenía las tuercas y aguantaba los golpes del capot que, con el viento, le cayó tres o cuatro veces en la cabeza. Al salir el último bulón, el caño de escape me cayó en la cara y me quemó un poco. BERTA, cuando recién habíamos puesto tres de los cuatro bulones, dió orden de largar. FRANCO estaba listo. Apenas las ruedas habían tocado el suelo, el motor estuvo en marcha. Miré a mi alrededor y pregunté:
-¿Cuanto perdimos?
-Nueve minutos y ocho segundos-me contestó el señor MERLO. Recién entonces me di cuenta que argentinos y extranjeros, nos estaban aplaudiendo.PD. cada vez que re-leo este capítulo, se me hace un nudo en la garganta, y hasta me emociono. Acá es donde se destaca el trabajo de todo el equipo, incluyendo a los mecánicos. Hoy, estamos acostumbados a ver en una "devaluada" fórmula 1, a los "gomeros", y "despachantes" de combustibles ultra-tecnologizados. En cambio, los muchachos del equipo argentino, dieron cátedra de inventiva, habilidad y sacrificio, para sobreponerse a las dificultades surgidas a partir de la rotura del escape.
