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CAPITULO XVIII

"...Y LA ANGUSTIA FUE MI COMPAÑERA", por José T. ONETO, al amanecer del día Viernes 22 de Agosto de 1969.-


...Y pienso en la tierra lejana; en todos aquellos que creyeron en la patriada y que ahora quizás estén pegados a los receptores escuchando en las voces radiales de habituales programas locales, el mensaje de este sensacional primer puesto que aún mantiene el auto argentino. Y pasa el tiempo y el Torino no aparece. Van 13 minutos...¡Ahí está...! El bramido lo delata. Los cambios se suceden y la trompa agresiva del auto argentino emerge de la curva; y al pisar sobre la recta del puente, revienta un trueno que resquebraja los cristales del aire. Ya pasó, pero una rumorosidad extraña, desusada, deja en suspenso la alegría. Algo no anda bien. Estoy en el circuito y no hace falta preguntar nada. La pizarra indica al coche Nº 3, que debe ingresar a boxes, y observo preparativos e inquietud en la gente argentina. Efectivamente, aquella rumorosidad era anormal. El escape estaba suelto. Pasan unos minutos y aparece el Torino (Copello al volante). Manos ágiles y diestras manejan un alambre como remedio de emergencia para salir del paso. La tarea lleva 2m45s. Lo suficiente para que el auto sea castigado con tres vueltas de descuento y de esa manera deje de ser puntero de la competencia, bandera que mantuvo en alto a través de 57 hs. A partir de ahí­, es el Ford Capri Nº 7, el que marcha a la vanguardia. Transcurrió una hora, y "Larry", que relevó a COPELLO, recibe indicaciones para que cambie pastillas de freno y rodado, parte trasera izquierda. 11.45 hs, "Larry" ingresa al parque de reparaciones donde el piloto puede realizar tareas sin penalización alguna. Y "Larry" comienza la suya. Procede con mucha cautela. Desprecia la rapidez en beneficio de la seguridad. Pero nadie nos quita la angustia, porque el reloj es terminante con su marcha inexorable y la aguja va estrechando su margen de tiempo para poder dar la vuelta en los 24 minutos que exige la reglamentación de la carrera."Larry" concluye, se ajusta el cinturón de seguridad y consulta. "¿Cuanto me queda? Respuesta: ¡catorce minutos! No necesitó saber nada más y pisa con fuerza y nervio. Va a jugarse una carta muy difí­cil. Con partida detenida, es casi imposible bajar de 14 minutos. El lo sabe, nosotros también, y lo acompañamos. En esa carta nos jugamos todos
...Estamos viviendo el momento de mayor angustia. Solamente un milagro puede mantenernos en carrera. Diez minutos y diez segundos, insumió la detención. Vuelvo la mirada al cronómetro: 12 minutos han quedado atrás...Pero allá se escucha al Torino, ¡está entrando en la "chicana"! Se acerca, ya está frente al control y tembloroso nuestro pulgar hunde con rabia la perilla. Las agujas se clavan en 13m08s. Y mientras pienso en que existen los milagros, la muchachada argentina, brazos en alto y aplaudiendo, señala a "Larry" que entró en tiempo. Clavar ese tiempo con partida detenida fue increí­ble. Más allá de todo, el problema del escape sigue. la rumorosidad del Torino que crece...