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CAPITULO XV

¿POR QUE NO IBA A LLORAR?, por Luis DI PALMA. En el circuito de Nürbrugring, en la madrugada del 22 de agosto de 1969.-

¡Sí...!Llegué llorando a los boxes y...¿qué hay? ¿Que tiene? ¿Quién puede saber, sino el que lo pasó, lo que significa perder un auto así, a esa altura de la carrera? Todos saben que yo, alguna vez, me he ido afuera. Jamás podré olvidar lo que fue mi primer vuelco...la sensación de perder el control...los tumbos...los ruidos del metal retorciéndose...y finalmente el silencio. Pero ésto...¡esto fue distinto! Peor, mil veces peor. y no por el golpe, que no llegó nunca, ni por los destrozos, que no existieron. Para comprenderme hay que conocer toda una historia y recién entonces sabrán porqué un hombre puede llorar, aunque no le haya pasado nada. Piensen en todo lo que se había conseguido ya, en cuántas personas habían comprometido muchas cosas para que existiera la Misión Argentina. Piensen en los primeros resultados, en el largo y cansador trabajo de los mecánicos, que deben pasarse horas y horas al lado de los autos, corrigiendo una cosa, mejorando la otra o remendando lo que los pilotos rompimos... Piensen que un accidente hizo que se descartara un auto, que quedó tirado en un rincón como inservible. Y que otro "fuera de pista", pero, redujo el equipo a solo dos Torinos. Entonces sucedió lo que creo que sólo los argentinos somos capaces de hacer: FANGIO, BERTA y LOBBOSCO, cambiaron ideas, conversaron con MACAGNO y con ZURITA, y decidieron que aquel auto, que se había quedado tirado en un rincón, como inservible, correría las 84 Horas de Nürburgring...¡De los dos hicieron uno...! Lo llamamos..."la Banana". A todo esto, sabíamos que deberíamos pelear contra el peso de los autos. Mayor peso significa mayor desgaste de frenos y de neumáticos. Entonces yo pensé en la posibilidad de encontrarle un ritmo al circuito, utilizar los frenos lo menos posible, y poca caja para cuidar el embrague, y lograr que el motor no trabajara muy arriba en vueltas. Lo busqué, lo practiqué, me equivoqué algunas veces, acerté otras, hasta que día en la tecla. Traté así de encontrar "el tiempo" como para girar en carrera y al suponer que lo había logrado, pedía que me controlaran. Lo conversé con los otros muchachos, les conté como hacía yo, cómo me había salido, cómo usaba el freno solamente dos veces a lo largo de una vuelta y la segunda velocidad sólo una vez...Piensen un poquito en lo que significó para el grupo de mecánicos "fabricar" "La Banana". Si nosotros casi no lo podíamos creer...¡la cara de los alemanes era impagable! Así fue que largamos la carrera después de todos estos inconvenientes con tres autos. La "Banana", fue la sensación. Para GALBATO, Cacho FANGIO y para mí, que integramos el equipo, antes que GALBATO, cediera su lugar a Gastón, el auto era un sensación...¡pero distinta! Imagínense en mi desazón, cuando de golpe me quedé ciego. Lo peleé. Traté de adivinar la curva. Doblé, pero me había pasado del radio. Hice todo lo que pude, pero me fui afuera. Y no pude regresar al circuito. Todo por el problema de las luces. Y entonces...¡Sí! Llegué llorando a los boxes...¿Entienden ahora porqué un hombre puede llorar, aunque no le haya pasado nada?