CAPITULO IV
"La primera vigilia", por Alfredo PARGA. Nürburgring, cuando ya la primera noche era recuerdo.-
Ya era la mañana de un miércoles gris, aún mortificado por una pertinaz lluvia, no ensombrecía un luminoso panorama de asombro que por momentos me confundía. Primeros. Un auto argentino estaba adelante.
La cosa había nacido allá por las 4 de la mañana, cuando relampagueantes destellos nacidos muy al norte, en medio de un negro cielo, me obligaban a una carrera al télex para alcanzar el diario; mi último despacho decía: "Relampaguea. La carrera está por formalizarse. Todo aparece rodeado por la incertidumbre". Todavía tenía depositado en mis pupilas el instante en que había visto llegar la jauría. Entonces, juntos y en comparsa, rabiosamente pisaron la línea de lanzamiento el Ford Capri y el Torino número 2, con PERKINS a bordo. Cuando parecía que la tormenta derivaba hacia el sur, el Porsche de Kauhsen-Ling-Stekkoning apresurado ganaba el primer lugar, seguido por el Capri. Atrás los autos argentinos 2 y 3. Nuestros pilotos no se desmandaban: Perkins operaba sobre la base de 13'25"; Copello en 13'27" y Di Palma, recuperando plazas en 13'28". La función del equipo no aparecía desdibujada en la primera vigilia. (La más difícil)